Liceo Nacional de Varones de Zipaquirá: la institución que marcó la educación colombiana y la formación de García Márquez

Desde su fundación en el siglo XIX, este emblemático plantel superó guerras, reformas y transformaciones para convertirse en uno de los referentes académicos más importantes de Colombia.

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Equipo de redacción de Extrategia Medios
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Parte externa de la edificación del antiguo Liceo Nacional de Varones de Zipaquirá, institución donde Gabriel García Márquez cursó sus estudios entre 1943 y finales de 1946. El inmueble hace parte de la memoria educativa y cultural de la ciudad. Foto: IMCRDZ.
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Mucho antes de convertirse en el colegio donde estudió Gabriel García Márquez, el Liceo Nacional de Varones de Zipaquirá ya ocupaba un lugar destacado en la historia educativa colombiana. Su trayectoria, construida a lo largo de más de un siglo, refleja la evolución de la enseñanza pública en el país, las transformaciones impulsadas por el Estado, el papel de la Iglesia en la formación académica y los efectos que tuvieron las guerras civiles sobre las instituciones educativas.

La historia de este emblemático plantel se remonta al siglo XIX, cuando la educación secundaria estaba al alcance de muy pocos y los internados oficiales constituían una oportunidad extraordinaria para jóvenes provenientes de diferentes regiones del territorio nacional. Su legado no solo está ligado a la formación de miles de estudiantes, sino también al desarrollo cultural, intelectual y social de Zipaquirá y de Colombia.

El origen: el Colegio San Luis Gonzaga

De acuerdo con la investigación realizada por Ernesto Campos García, hoy presidente de la Academia de Historia de Cundinamarca, y publicado en el Boletín No. 27 de diciembre de 2007 de la Academia, el antecedente más sólido del Liceo Nacional de Varones se encuentra en la fundación del Colegio San Luis Gonzaga, ocurrida el 23 de enero de 1887.

La iniciativa fue liderada por el presbítero doctor Uldarico Camacho, párroco de Zipaquirá, quien asumió además la rectoría de la institución hasta 1895. Desde sus primeros años, el colegio mostró una clara vocación de servicio público y formación de alcance nacional.

El respaldo oficial llegó rápidamente. En 1889 el Gobierno Nacional otorgó un auxilio de 2.500 pesos, condicionado al sostenimiento de doce becas para alumnos internos y a la supervisión estatal. Gracias a ese apoyo, el colegio fortaleció su funcionamiento y abrió las puertas a estudiantes de distintas regiones del país.

El reconocimiento como colegio nacional

El 1 de febrero de 1890, durante el gobierno de Carlos Holguín Mallarino, el establecimiento recibió carácter oficial mediante el Decreto 53. Este reconocimiento marcó el inicio de una nueva etapa que proyectó a la institución más allá de los límites de Zipaquirá y la consolidó como uno de los centros educativos más importantes de la Sabana de Bogotá.

Sin embargo, el camino estuvo lejos de ser sencillo. Las convulsiones políticas y los conflictos armados que marcaron el final del siglo XIX afectaron profundamente la vida académica del colegio.

Las guerras civiles que interrumpieron la educación

En 1895 las actividades académicas fueron suspendidas y el edificio fue destinado a funciones militares. Las aulas se transformaron en cuarteles y el proceso educativo quedó temporalmente paralizado.

Un año después, el Ministerio de Instrucción Pública reorganizó la institución y nombró como rector a José Joaquín Casas, quien lideró la recuperación del plantel. Bajo su dirección, el colegio retomó sus labores y alcanzó un importante reconocimiento cuando, en 1899, recibió autorización para otorgar el grado en Filosofía y Letras.

Pero ese mismo año estalló la Guerra de los Mil Días, uno de los conflictos más devastadores de la historia colombiana. Nuevamente las instalaciones fueron ocupadas por tropas y convertidas en cuarteles y caballerizas, interrumpiendo otra vez el desarrollo académico.

Solo en 1903, una vez finalizado el conflicto, se restablecieron las clases bajo la dirección de Luis Tomás Fallón (Falan). Más adelante ocuparían la rectoría Carlos Felipe Torres, José M. Grau y Faustino Moreno, en un periodo caracterizado por dificultades administrativas y disciplinarias.

El Instituto León XIII y la reorganización del colegio

En 1908 el establecimiento volvió a cerrar sus puertas. Sin embargo, el antiguo alumno Alberto Corradine (padre) impulsó la creación del Instituto León XIII, que funcionó en el mismo edificio entre 1908 y 1910.

La recuperación definitiva comenzó en 1911 gracias a la gestión del presbítero Víctor Barros Morales, párroco de Zipaquirá, quien logró rescatar las instalaciones, reorganizar el plantel y gestionar nuevos recursos para su funcionamiento.

Dos años después, la Ley 102 de 1913 permitió que el Gobierno Nacional reasumiera la dirección de la institución y destinara una partida de 4.000 pesos para su sostenimiento.

La llegada de los Hijos del Corazón de María

Una de las etapas más estables de la historia del colegio comenzó en 1916, cuando la comunidad religiosa de los Hijos del Corazón de María(Claretianos) asumió la dirección académica.

Durante casi veinte años, hasta finales de 1935, esta congregación orientó la formación de cientos de estudiantes y fortaleció la organización institucional.

Entre los rectores de este periodo se destacaron:

  • Pedro Díaz.
  • Antonio Anglés.
  • Federico Martínez.
  • Pedro Atuncha.
  • Francisco Sanz.
  • Pedro González.

Bajo su orientación también se consolidó la actividad cultural y periodística estudiantil. A finales del siglo XIX ya circulaba la publicación La Alondra, mientras que posteriormente apareció la revista Ideales, considerada una de las expresiones intelectuales más representativas del colegio.

El nacimiento del Liceo Nacional de Varones de Zipaquirá

En 1937 comenzó la etapa que daría al plantel el nombre por el que sería recordado en todo el país: Liceo Nacional de Varones de Zipaquirá.

Este periodo coincidió con la expansión de la educación pública secundaria impulsada durante la República Liberal y las reformas promovidas por el gobierno de Alfonso López Pumarejo.

Aunque la institución tenía varias décadas de existencia, durante los años treinta y cuarenta adquirió una dimensión nacional gracias a su condición de internado oficial y al sistema de becas que permitía el ingreso de estudiantes provenientes de distintas regiones colombianas.

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La llegada de Gabriel García Márquez

En 1943 ingresó al Liceo un joven estudiante becado procedente de la Costa Caribe: Gabriel José de la Concordia García Márquez.

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Recreación realizada en julio de 2017 de la llegada de Gabriel García Márquez al entonces Liceo Nacional de Varones de Zipaquirá, ocurrida el lunes 8 de marzo de 1943. La escena fue representada en las instalaciones originales de la histórica institución educativa donde el futuro Nobel de Literatura cursó parte de su formación académica. Imagen del IMCRDZ, tomada en julio de 2017.

Aún faltaban varias décadas para que obtuviera el Premio Nobel de Literatura, pero en Zipaquirá encontró elementos fundamentales para su formación intelectual.

El clima frío de la ciudad, el olor salino en el ambiente, la disciplina del internado, la soledad propia de la distancia familiar, las lecturas, las actividades culturales, su relación artística con el maestro Guillermo Quevedo Zornoza, y el contacto con profesores de gran nivel dejaron una profunda huella en quien años después se convertiría en una de las figuras más influyentes de la literatura universal.

Entre los educadores que marcaron esa etapa aparecen:

  • Carlos Julio Calderón Hermida.
  • Guillermo Quevedo Zornoza.
  • Carlos Martín, poeta del movimiento Piedra y Cielo y rector del plantel.

El ambiente académico y cultural del Liceo Nacional de Varones alimentó las primeras inquietudes literarias de García Márquez y contribuyó a consolidar su vocación como escritor.

Mucho más que el colegio de Gabo

Aunque la presencia de Gabriel García Márquez convirtió al Liceo en una referencia internacional, el prestigio de la institución no dependió exclusivamente de ese episodio.

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Vista de una de las áreas internas del antiguo Liceo Nacional de Varones de Zipaquirá, institución donde Gabriel García Márquez cursó sus estudios entre 1943 y finales de 1946, en un entorno que hizo parte de su formación académica y personal. Foto: IMCRDZ, tomada en julio de 1917.

Durante décadas fue considerado uno de los internados oficiales más importantes del país. Su biblioteca, las actividades artísticas, la formación musical, los ejercicios literarios y las publicaciones estudiantiles fortalecieron una propuesta educativa que permitió a numerosos jóvenes acceder a una formación de alto nivel.

Para cientos de estudiantes de escasos recursos, ingresar al Liceo de Varones significó una oportunidad que difícilmente habrían encontrado en otro lugar.

Las sedes que hicieron parte de su historia

Como Liceo Nacional de Varones, la institución funcionó inicialmente en el inmueble ubicado en la calle 7 No. 8-11, edificio que posteriormente sería ocupado por el Liceo Nacional Femenino, posteriormente por el Colegio Santiago Pérez y hoy Casa de la Cultura Gabriel García Márquez o Casa Gabo.

Aquella construcción quedó asociada para siempre con los años de formación de Gabriel García Márquez y con la memoria del llamado “Colegio de Gabo”.

En 1951 el plantel fue trasladado a una nueva sede en la calle 8 No. 11-60, cerca de la línea férrea y de la vía hacia Nemocón. García Márquez ya no residía ni estudiaba en Zipaquirá.

El proyecto contemplaba originalmente cuatro pabellones, aunque finalmente solo se construyó uno de tres niveles. El predio superaba inicialmente los 52.000 metros cuadrados, extensión que con el paso de los años se redujo a cerca de 24.600 metros cuadrados.

El nacimiento del Colegio San Juan Bautista de La Salle

La década de 1950 representó una transformación profunda para la institución.

En 1952 recibió el nombre de Lorenzo María Lleras, y posteriormente, mediante el Decreto 1337 del 12 de mayo de 1955, expedido durante el gobierno del general Gustavo Rojas Pinilla, adoptó la denominación de Colegio Nacional San Juan Bautista de La Salle.

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Sede principal de la Institución Educativa Municipal La Salle de Zipaquirá, heredera de una de las tradiciones educativas más representativas de la ciudad y continuadora del legado académico construido por generaciones de estudiantes que han pasado por sus aulas a lo largo de más de un siglo. Foto. Extrategia.

La medida estuvo relacionada con la celebración del Día del Educador Colombiano y con el reconocimiento de San Juan Bautista de La Salle como patrono de los maestros.

La comunidad lasallista había iniciado actividades en el colegio desde el 11 de febrero de 1954 y asumió desde entonces la conducción académica de una institución que acumulaba cerca de siete décadas de trayectoria.

Modernización, crecimiento y reconocimiento académico

Durante las décadas siguientes el colegio continuó fortaleciéndose.

En 1980 inició la doble jornada con el propósito de ampliar la cobertura educativa. Para entonces contaba con biblioteca, enfermería, infraestructura académica consolidada y una comunidad educativa ampliamente participativa.

En 1982 alcanzó uno de sus mejores resultados académicos al ubicarse entre los colegios con mejor desempeño en las pruebas del ICFES dentro de Cundinamarca.

Ese mismo año avanzó en la modernización administrativa al incorporar procesos de sistematización para el manejo de calificaciones.

Cultura, música y participación comunitaria

La vida del colegio no se limitó a las aulas.

Durante más de una década funcionó una reconocida tuna estudiantil fundada por el hermano Pedro Cárdenas, agrupación que participó en encuentros y concursos musicales.

La banda de guerra acompañó durante años los actos cívicos y patrióticos de Zipaquirá, mientras que el periódico Lasallista Zipaquireño difundió producciones literarias, científicas y académicas elaboradas por estudiantes y docentes.

La Asociación de Padres de Familia también desempeñó un papel fundamental mediante actividades destinadas a recaudar recursos para mejorar laboratorios, aulas, enfermería, capilla, rectoría y otros espacios institucionales.

Un legado que sigue presente en Zipaquirá

La historia del Liceo Nacional de Varones de Zipaquirá constituye una de las trayectorias educativas más significativas de Cundinamarca.

Desde el Colegio San Luis Gonzaga de 1887 hasta el actual San Juan Bautista de La Salle, la institución ha atravesado guerras civiles, reformas estatales, cambios de nombre, transformaciones arquitectónicas y profundas evoluciones pedagógicas.

Por sus aulas pasaron generaciones de estudiantes que encontraron allí una oportunidad de formación académica y crecimiento personal. Entre ellos estuvo Gabriel García Márquez, cuya obra terminaría proyectando el nombre de Zipaquirá hacia el mundo entero.

Sin embargo, el valor del Liceo trasciende la figura del Nobel colombiano. Su verdadera dimensión reside en haber sido una puerta de acceso al conocimiento para miles de jóvenes, un internado con vocación nacional y una institución que contribuyó de manera decisiva a consolidar la tradición educativa de la “Ciudad de la Sal”.

Hoy, su memoria permanece viva en los archivos, en las antiguas edificaciones, en las promociones que desfilaron por sus salones y en la continuidad institucional representada por el Colegio San Juan Bautista de La Salle, heredero de una de las más importantes tradiciones educativas de la región.

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Personificación de una escena de la vida estudiantil de Gabriel García Márquez durante su permanencia en el Liceo Nacional de Varones de Zipaquirá entre 1943 y 1946. La representación recrea los espacios de alojamiento y estudio que hicieron parte de la cotidianidad del futuro Nobel de Literatura durante sus años de formación en la ciudad. Foto: IMCRDZ.

Gabriel García Márquez hizo parte de las generaciones que pasaron por sus aulas durante la década de 1940.

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