La recuperación de la laguna de Cucunubá, en el altiplano cundiboyacense, podría traducirse en una nueva oferta de turismo de naturaleza cerca de Bogotá. La Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR) proyecta senderismo, caminatas guiadas, recorridos en bicicleta, cabalgatas y aviturismo, siempre bajo criterios estrictos de conservación.
Esa proyección, sin embargo, no significa que las rutas estén habilitadas actualmente para recibir visitantes: todas las actividades dependen de los trámites, permisos y autorizaciones ambientales requeridos. Las obras que las harían posibles registran un avance del 35 % en su segunda fase.
Qué podría cambiar para las comunidades de la zona:
Si las actividades se autorizan y se ejecutan con planificación ambiental, el turismo de naturaleza podría generar oportunidades para los habitantes del área. Entre las alternativas que podrían desarrollarse están:
- Servicios de guianza e interpretación ambiental.
- Recorridos especializados de observación de aves.
- Senderos con condiciones controladas de acceso.
- Experiencias de educación ambiental para grupos y visitantes.
- Servicios turísticos locales compatibles con la conservación.
Estas posibilidades requieren infraestructura adecuada cuando corresponda y reglas claras para controlar el impacto de los visitantes. La recuperación ambiental perdería parte de su propósito si el aumento de la actividad turística afectara los hábitats que hoy se busca restaurar.
El atractivo para el aviturismo:
Los juncales, islas, litorales y espejos de agua de Cucunubá sirven de alimentación, refugio y reproducción para distintas especies. Entre las aves reportadas en el complejo figuran la tingua bogotana, la tingua moteada, el pato turrio, la monjita y el doradito de pantano. El humedal también es punto de descanso para aves migratorias que viajan desde el norte del continente hacia el sur.
Dentro de las acciones de conservación está la isla El Cucarachero, de aproximadamente 4,7 hectáreas, asociada al hábitat de una especie de ave propia de los humedales altoandinos. Por la sensibilidad de estos espacios, cualquier iniciativa turística deberá adoptar medidas para evitar afectaciones a la fauna.
Las obras que sustentan la propuesta:
El director general de la CAR, Alfred Ignacio Ballesteros, explicó durante una visita de inspección del Consejo Directivo que la intervención contempla extraer más de 927.000 metros cúbicos de sedimentos en 42,4 hectáreas. Cerca de 350.000 ya fueron retirados, con lo que se busca devolverle a la laguna parte de su capacidad de almacenamiento de agua.
La inversión prevista, cercana a los $80.000 millones, cubre además la restauración de las riberas, la revegetalización con especies nativas, la rehabilitación de ecosistemas ribereños, sistemas silvopastoriles, manejo de fauna y monitoreo ambiental. Según la entidad, el conjunto de medidas busca mejorar la capacidad de respuesta del territorio ante la variabilidad climática, y su sostenibilidad exigirá seguimiento técnico, mantenimiento de las áreas restauradas y participación de las comunidades cercanas.
Un proceso que se extiende al complejo Fúquene-Cucunubá-Palacio:
La laguna hace parte de una estrategia para recuperar el complejo lagunar Fúquene-Cucunubá-Palacio, donde las acciones de conservación abarcan cerca de 1.600 hectáreas. En Fúquene, por ejemplo, se han incorporado más de 700 plantas nativas en parcelas acuáticas, además de barreras de contención y perchas para aves.
Ballesteros indicó que la CAR busca consolidar un modelo integral, medible y replicable en otros ecosistemas mediante Soluciones basadas en la Naturaleza (SbN). Antes de que haya visitantes en Cucunubá, la entidad deberá completar las obras, evaluar sus resultados ambientales y definir bajo qué condiciones podrán desarrollarse las actividades turísticas.
Proyecta senderismo, caminatas guiadas, recorridos en bicicleta, cabalgatas y aviturismo, siempre bajo criterios estrictos de conservación.













