La investigación también identificó características genéticas diferenciadas en poblaciones de los ríos Bogotá y Negro. Los resultados advierten sobre la necesidad de proteger a estos reptiles y los ecosistemas donde habitan.
La situación del caimán aguja (Crocodylus acutus) en Cundinamarca genera nuevas preocupaciones ambientales. Una investigación científica identificó una reducción cercana al 50 % en el número de ejemplares observados en el río Negro, además de señales recientes de cacería en algunos sectores de esta cuenca.
Aunque los resultados son preliminares y no permiten establecer todavía una disminución equivalente en el tamaño total de la población, los registros ponen de manifiesto la necesidad de intensificar el seguimiento de esta especie y examinar las amenazas que enfrenta en su hábitat natural.
El estudio también arrojó un descubrimiento relevante sobre la diversidad genética de estos reptiles. Los análisis de ADN indican que las poblaciones de caimán aguja presentes en los ríos Bogotá y Negro poseen características genéticas diferenciadas frente a otras poblaciones de la misma especie estudiadas en Colombia.
Este hallazgo aporta información para comprender mejor la diversidad biológica del caimán aguja y refuerza la importancia de conservar las poblaciones que habitan estos territorios, cuyas particularidades genéticas forman parte del patrimonio natural de la región.
Río Negro: menos caimanes observados y señales de cacería
Uno de los resultados que más preocupa a los investigadores procede de los monitoreos realizados en el río Negro, donde el número de caimanes registrados durante el estudio fue aproximadamente un 50 % inferior al observado en seguimientos anteriores.
Los especialistas continúan analizando esta diferencia para comprender sus posibles causas y determinar el estado de conservación de la población.
A esta situación se suma la identificación de indicios recientes de cacería en determinados sectores del río, una práctica que representa una presión adicional sobre la especie.
Estos registros hacen necesario fortalecer las labores de vigilancia, prevención y educación ambiental, especialmente en las zonas donde las actividades humanas coinciden con los espacios naturales utilizados por los reptiles.
Río Bogotá: población relativamente estable, pero con pocos adultos
El panorama identificado en la cuenca baja del río Bogotá presenta diferencias frente al del río Negro.
Los resultados preliminares muestran una población de caimán aguja relativamente estable, aunque con una cantidad reducida de ejemplares adultos.
Esta condición merece especial atención, debido a que los individuos adultos desempeñan un papel fundamental en la reproducción y continuidad de las poblaciones.
La presencia de pocos ejemplares en edad reproductiva plantea la necesidad de mantener los monitoreos y profundizar en el conocimiento de las condiciones que pueden influir en la permanencia de la especie a largo plazo.
Análisis de ADN, monitoreos nocturnos y seguimiento con transmisores
Los hallazgos forman parte de una investigación desarrollada por la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR) y la Universidad Nacional de Colombia, mediante el Convenio Interadministrativo 3026 de 2025.
El trabajo científico comprende monitoreos nocturnos, caracterización de hábitats, seguimiento de individuos adultos mediante transmisores y análisis genéticos para conocer las particularidades de las poblaciones estudiadas.
También incluye la evaluación de contaminantes presentes en el agua, los sedimentos y los tejidos de los animales, con el propósito de ampliar el conocimiento sobre las condiciones ambientales de los ecosistemas donde habitan.
La investigación busca reunir información que permita orientar las estrategias de conservación y mejorar la comprensión de la relación entre estos reptiles, sus hábitats y las comunidades cercanas.
Girardot, Ricaurte, Tocaima y Agua de Dios: comunidades que conviven con los caimanes
La presencia del caimán aguja también plantea desafíos relacionados con la convivencia entre las comunidades y la fauna silvestre, particularmente en municipios de la cuenca baja del río Bogotá.
En sectores de Girardot, Ricaurte, Tocaima y Agua de Dios, las actividades cotidianas desarrolladas alrededor del río favorecen encuentros frecuentes entre habitantes y estos reptiles.
La directora técnica de Biodiversidad de la CAR, Magdala Iregui, explicó que la investigación ha permitido reconocer las distintas circunstancias en las que se presenta esta interacción.
“El trabajo desarrollado en los municipios de la jurisdicción ha permitido identificar realidades muy diferentes alrededor de la presencia de los cocodrilos. En sectores de Girardot, Agua de Dios, Tocaima y Ricaurte, las comunidades tienen contacto frecuente con los animales debido a sus actividades alrededor del río Bogotá”, precisó la funcionaria.
Estas condiciones hacen especialmente importante que los habitantes conozcan cómo actuar ante la presencia de un caimán, evitando acercamientos, persecuciones o intervenciones que puedan poner en riesgo tanto a las personas como a los animales.
Proteger al caimán aguja también depende de las comunidades
Los resultados de la investigación fueron presentados durante el Primer Festival del Cocodrilo del Magdalena, realizado el viernes 2 de octubre de 2026.
El encuentro permitió compartir los avances científicos con las comunidades y promover una mayor comprensión del papel del caimán aguja dentro de los ecosistemas de la región.
Durante la jornada se insistió en la necesidad de cambiar las respuestas de temor o persecución que pueden surgir ante la presencia de estos animales.
“Nuestro objetivo es lograr que la presencia de un caimán aguja en el territorio no genere automáticamente una respuesta de persecución, pues es un animal silvestre que requiere distancia y respeto, y cuya conservación también depende de que las comunidades y las instituciones cuenten con información adecuada para actuar”, explicó Iregui.
Los resultados científicos dejan dos asuntos que requieren atención: comprender las causas de la reducción de avistamientos en el río Negro y proteger las poblaciones de caimán aguja que conservan características genéticas particulares.
La conservación de estos reptiles no depende únicamente de los monitoreos científicos o de las medidas de las autoridades ambientales. También requiere que las comunidades reconozcan su importancia ecológica, respeten sus espacios naturales y eviten acciones que amenacen su supervivencia.

Señales de cacería: detectan indicios recientes en el río Negro que preocupan por la conservación del caimán aguja.













