Investigadora colombiana desarrolla una muestra de sangre humana en polvo para verificar la precisión de las pruebas de metanol en laboratorios

La química Solanggie Quintero, en alianza con la Secretaría Distrital de Salud de Bogotá, produjo un lote piloto de 50 paneles con sangre humana dializada y deshidratada, que permite comprobar si los laboratorios diferencian una muestra sin metanol de otras con concentraciones conocidas.

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La sangre utilizada en el desarrollo provino del IDCBIS del Distrito Capital. Foto: Solanggie Quintero Villamizar, magíster en Toxicología de la UNAL.
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Una muestra de sangre humana convertida en polvo podría servir para saber si los laboratorios que diagnostican intoxicaciones por metanol están leyendo bien sus resultados. La desarrolló Solanggie Quintero Villamizar, química y magíster en Toxicología de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), junto con la Secretaría Distrital de Salud de Bogotá.

El material funciona como un “ítem de comparación”: al añadirle agua con una cantidad exacta de metanol, el laboratorio obtiene una muestra cuyo resultado ya está establecido y que debe identificar correctamente. “El ítem permite identificar objetivamente sesgos sistemáticos, errores de interpretación o limitaciones analíticas en los laboratorios que diagnostican esta intoxicación”, señala la investigadora.

Un riesgo que se mide en horas:

El metanol, o alcohol metílico, es un solvente de uso industrial que en algunos episodios de intoxicación por licor adulterado aparece como responsable. El problema comienza cuando entra al organismo: el hígado lo transforma en formaldehído y luego en ácido fórmico, que afecta el nervio óptico, entre otros daños. Los síntomas, como visión borrosa, dolor ocular, pérdida de la visión, daños neurológicos e incluso la muerte, pueden tardar varias horas en aparecer.

En septiembre de 2025, Barranquilla registró la muerte de 11 personas por consumo de licor adulterado durante una celebración. Ese año, según el Instituto Nacional de Salud, Colombia reportó 80 casos de intoxicación por alcohol, 20 de ellos en la capital del Atlántico.

Por qué el color de la prueba puede engañar:

Detectar metanol en sangre no siempre es sencillo, y un error en el resultado puede dificultar la atención del paciente. Una de las pruebas disponibles es una técnica de color, económica y asequible, en la que la presencia del compuesto produce una coloración violeta. Pero otras sustancias de la muestra pueden alterar esa tonalidad.

La glucosa presente de forma natural en la sangre no reacciona con el reactivo, aunque en concentraciones mayores puede generar tonos cafés que no corresponden al metanol. Los anticoagulantes heparina y oxalato, usados para manipular la sangre, pueden producir coloraciones violetas. Es decir, el color que debería alertar sobre el tóxico también puede aparecer por otras causas, lo que aumenta el riesgo de resultados que no reflejen el contenido real de la muestra.

¿Cómo se “limpia” la sangre?

Para reducir esas interferencias, Quintero trabajó con 5 unidades del Banco de Sangre del Instituto Distrital de Ciencia, Biotecnología e Innovación en Salud (IDCBIS) y las sometió a diálisis, un proceso de filtración similar al principio que se usa en pacientes cuyos riñones no cumplen adecuadamente su función. La membrana empleada filtra moléculas de hasta 3.500 daltons (Da), unidad que expresa la masa molecular, y retiró sustancias como glucosa, citrato y calcio.

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Sin calcio, la sangre perdió su capacidad de coagular de forma natural. “Pudimos manipular la sangre sin adicionar otras sustancias que interfirieran con la prueba”, explica la investigadora. Con sus proteínas intactas, la sangre pasó por liofilización, un secado al vacío que la convierte en polvo estable.

El metanol exigió otro tratamiento. “Por su alta volatilidad, se conserva aparte, en ampolletas selladas, y se mezcla solo al momento del análisis”, detalla la magíster.

Tres niveles para evaluar al laboratorio:

Cada panel contiene tres escenarios:

  • El primero es sangre con agua sin metanol y debe dar negativo
  • Los otros dos tienen concentraciones conocidas: cerca de 65 miligramos por kilogramo en el nivel bajo y 141 en el alto, ambas por encima de los 50 considerados positivos.

La sangre deshidratada se guarda en un vial y el agua con metanol en una ampolleta aparte; solo al mezclarlas se obtiene la muestra que llega al análisis, con un valor que conocen únicamente quienes prepararon el panel.

Las evaluaciones del lote piloto, de 50 paneles, mostraron que las unidades arrojan resultados equivalentes entre sí y que el material permanece estable durante 28 días almacenado a 4 °C. También comprobaron que sirven para establecer si el método de un laboratorio distingue una muestra negativa de las que contienen metanol.

Además, aunque se prepara en laboratorio, la muestra responde durante el análisis de forma comparable a la de un paciente real, una propiedad conocida como “conmutabilidad”. Los valores fueron verificados mediante cromatografía de gases en el Instituto Nacional de Metrología.

Un referente para otros laboratorios:

Aunque por ahora es un lote piloto, el desarrollo ofrece un referente común para comprobar si distintos laboratorios obtienen resultados correctos, una verificación clave cuando de ese análisis puede depender la atención oportuna de una persona intoxicada. Según Quintero, “la Secretaría Distrital de Salud de Bogotá puede utilizar el material desarrollado y eventualmente extenderse a otras zonas del país en las que se presenten casos de intoxicación por metanol”. Los laboratorios clínicos, agrega, pueden emplearlo como control de calidad interno para monitorear la precisión y veracidad de sus mediciones diarias.

El material también podría servir para evaluar nuevos métodos de detección y para formar al personal técnico de toxicología clínica, que ya no practicaría con una solución artificial sencilla sino con un material que conserva buena parte de la complejidad de la sangre. “Esto garantiza que se enfrenten a una matriz con la complejidad real de la sangre humana, pero libre de las interferencias de conservación”, concluye la magíster.

La sangre deshidratada se guarda en un vial y el agua con metanol en una ampolleta aparte; solo al mezclarlas se obtiene la muestra que llega al análisis, con un valor que conocen únicamente quienes prepararon el panel.