El avance de la inteligencia artificial está transformando la manera de estudiar, trabajar, comunicarse y acceder a la información. Sin embargo, junto con sus posibilidades, surgen preocupaciones sobre la dependencia tecnológica, la capacidad de las personas para tomar decisiones autónomas y los riesgos de manipulación mediante herramientas digitales.
Estas inquietudes también han llegado a la Iglesia Católica Colombiana. Durante una reunión celebrada los días 5 y 6 de octubre de 2026, en Bogotá, 18 obispos eméritos examinaron los desafíos éticos y sociales que plantea la inteligencia artificial, particularmente sus efectos sobre la educación, la dignidad humana y la transmisión de la fe.
El encuentro, desarrollado en la sede de la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC), permitió abordar una pregunta que trasciende el ámbito religioso: ¿cómo aprovechar las capacidades de las nuevas tecnologías sin debilitar el pensamiento crítico, las relaciones humanas y la responsabilidad individual?
La inteligencia artificial y el riesgo de perder de vista a las personas
Uno de los asuntos tratados fue la necesidad de establecer criterios éticos frente al desarrollo y la utilización de sistemas de inteligencia artificial, especialmente cuando estas herramientas intervienen en actividades que tradicionalmente han dependido del razonamiento, la sensibilidad y el juicio humano.
El cardenal Jorge Enrique Jiménez Carvajal, arzobispo emérito de Cartagena, y quien fue obispo de Zipaquirá, planteó que la Iglesia debe comprender las transformaciones tecnológicas y reconocer las posibilidades que brindan para comunicar su mensaje, sin desconocer las características que distinguen a las personas de las máquinas.
En su reflexión, recordó que las capacidades humanas no se limitan a procesar información o producir respuestas, sino que también comprenden dimensiones como el afecto, el perdón, la comprensión y el amor.
«El trabajo nuestro es anunciar la Buena Noticia de Jesucristo», manifestó el cardenal al referirse a la misión evangelizadora y al papel que pueden desempeñar los recursos tecnológicos en su desarrollo.
Su planteamiento no estuvo dirigido a rechazar la inteligencia artificial, sino a promover una utilización que preserve la centralidad del ser humano y sus capacidades de discernimiento.
Desde esa perspectiva, la incorporación de nuevas herramientas digitales representa una oportunidad para ampliar los canales de comunicación de la Iglesia, pero también exige reflexionar sobre sus límites y sobre la responsabilidad de quienes las utilizan.
Educación e inteligencia artificial: preocupación por el pensamiento crítico y la manipulación
Otro de los aspectos que recibió especial atención fue el uso de la inteligencia artificial en los procesos educativos, donde estas tecnologías comienzan a intervenir en la búsqueda de información, la elaboración de trabajos académicos y distintas actividades de aprendizaje.
Monseñor Iván Marín López, arzobispo emérito de Popayán, manifestó la importancia de establecer orientaciones que permitan a los estudiantes aprovechar estos recursos sin renunciar a sus propias capacidades de análisis, interpretación y razonamiento.
Su preocupación se centró especialmente en la necesidad de evitar que el uso de herramientas automatizadas sustituya el ejercicio del pensamiento crítico o facilite situaciones de manipulación.
El planteamiento introduce una discusión que involucra a instituciones educativas, docentes y familias: la necesidad de formar personas capaces de evaluar la información que reciben, cuestionar las respuestas generadas por sistemas digitales y utilizar la tecnología con responsabilidad.
Marín López también insistió en que la dignidad humana debe orientar las decisiones relacionadas con los avances tecnológicos, de acuerdo con los principios de la doctrina social de la Iglesia.
En ese sentido, vinculó la reflexión sobre la inteligencia artificial con otros ámbitos de la vida cotidiana, entre ellos el trabajo, la familia y la educación, donde las transformaciones tecnológicas pueden modificar las relaciones y las responsabilidades humanas.
La Iglesia examina cómo evangelizar en una sociedad cada vez más digital
Las conversaciones también abordaron los cambios que experimentan las formas de comunicación y la manera en que las comunidades religiosas pueden relacionarse con una sociedad que utiliza cada vez más plataformas digitales y sistemas automatizados.
Para los participantes, las herramientas tecnológicas pueden contribuir a la difusión de contenidos religiosos y facilitar el contacto con diferentes públicos. No obstante, su incorporación debe estar acompañada de una reflexión sobre el sentido de la comunicación y la importancia de mantener las relaciones personales.
Durante la reunión se estudió un documento pontificio identificado en la información del encuentro como la encíclica Magnífica Humanitas, atribuida al papa León XIV, con énfasis en los interrogantes éticos y humanos relacionados con la inteligencia artificial.
Más allá de los aspectos tecnológicos, los asistentes intercambiaron reflexiones sobre distintas realidades sociales y eclesiales de Colombia, así como sobre las necesidades de acompañamiento espiritual de las comunidades.
Los obispos eméritos continúan participando en la vida de la Iglesia
La reunión también permitió examinar el papel de los obispos que han concluido sus responsabilidades directas al frente de una diócesis, pero que mantienen actividades relacionadas con la orientación espiritual, la formación religiosa y el acompañamiento comunitario.
De acuerdo con la información divulgada sobre el encuentro, la Iglesia católica en Colombia cuenta con 49 obispos eméritos, de los cuales 18 participaron en las jornadas realizadas en Bogotá.
Aunque ya no ejercen el gobierno ordinario de sus antiguas jurisdicciones eclesiásticas, algunos continúan colaborando mediante conferencias, retiros espirituales, actividades pastorales y espacios de formación.
Monseñor Marín López explicó que estos encuentros anuales también permiten conservar los vínculos entre los obispos eméritos, conocer las situaciones actuales de la Iglesia y estudiar las orientaciones de sus autoridades.
Por su parte, el cardenal Jiménez Carvajal se refirió a esta etapa de la vida episcopal como una oportunidad para continuar acompañando a las comunidades, particularmente a quienes necesitan orientación y apoyo espiritual.
La reunión fue coordinada por ambos prelados, con el acompañamiento de la Presidencia de la Conferencia Episcopal de Colombia y su Departamento de Animación de la Comunión y la Sinodalidad.
Al finalizar las jornadas, los participantes expresaron su disposición de seguir contribuyendo a la vida eclesial desde su experiencia pastoral.
El encuentro dejó planteada una reflexión que supera los límites de la Iglesia: el desafío de incorporar la inteligencia artificial a la vida cotidiana sin convertir la eficiencia tecnológica en un sustituto del criterio, la sensibilidad y la responsabilidad de las personas.
La Iglesia católica colombiana pide un uso responsable de la IA que preserve la dignidad humana, el pensamiento crítico y las relaciones personales.













