El teléfono celular dejará de estar disponible libremente durante buena parte de la jornada escolar en Bogotá. Se establecieron nuevas reglas para los colegios públicos y privados que obligan a mantener estos dispositivos guardados y en silencio durante las clases y también en los descansos, aunque existirán excepciones por razones pedagógicas, de salud, inclusión y emergencia.
La medida hace parte de la Resolución 20260905, denominada ‘(Re)conectarnos para aprender’, presentada el lunes 7 de septiembre de 2026 por el alcalde mayor de Bogotá, Carlos Fernando Galán Pachón, y la secretaria de Educación del Distrito, Julia Rubiano De la Cruz, en el Colegio Filarmónico Jorge Mario Bergoglio, en la localidad de Suba.
Para la Administración Distrital, la regulación no pretende eliminar la tecnología de las aulas. Establece, en cambio, cuándo puede utilizarse y bajo qué condiciones, con diferencias según la edad y el nivel educativo. Mientras en prejardín se plantea prescindir de las pantallas, para los estudiantes de los últimos grados se mantiene su utilización con propósitos académicos.
El cambio tendrá efectos sobre estudiantes, docentes, familias y establecimientos educativos, que dispondrán de seis meses para incorporar las disposiciones a sus manuales de convivencia o pactos de corresponsabilidad.
Celulares guardados también durante el descanso
Una de las disposiciones que tendrá mayor impacto en la rutina escolar está relacionada con los recreos. La restricción no termina cuando suena el timbre que marca el final de una clase.
Durante la jornada escolar, incluidos los descansos, los teléfonos celulares deberán permanecer guardados, en silencio y fuera de la vista de los estudiantes.
La regla también comprende a los docentes, aunque la resolución contempla situaciones específicas en las que los dispositivos podrán utilizarse.
Entre las excepciones están las relacionadas con salud, educación inclusiva, accesibilidad, ajustes razonables para estudiantes con discapacidad, emergencias y actividades que requieran tecnología como herramienta pedagógica.
Al presentar la medida, el alcalde Carlos Fernando Galán aseguró que la regulación responde a una tendencia que ya se observa en sistemas educativos de diferentes países.
“El 58 % de los sistemas educativos del mundo ya regula el uso de los celulares y por eso en Bogotá definimos hacerlo sin descuidar el proceso educativo y de aprendizaje; vamos a tener reglas para que los estudiantes puedan usar la tecnología. Para Bogotá es muy importante dar este paso, los estudiantes lo necesitan y contribuirá con su formación y el uso efectivo de las herramientas digitales”, señaló Galán Pachón.
El Distrito argumenta que el acceso permanente al teléfono puede interferir en la concentración y el aprendizaje, pero también ocupar espacios que tradicionalmente estaban destinados al juego, la conversación, la alimentación y la interacción presencial entre compañeros.
De cero pantallas en prejardín a mayor autonomía en los últimos grados
Las reglas no serán iguales para un niño de educación inicial que para un estudiante próximo a terminar el bachillerato.
Ese principio atraviesa buena parte de la resolución: a menor edad, mayor restricción frente a las pantallas; a medida que avanza el proceso educativo, aumenta la autonomía para utilizarlas con propósitos académicos.
En las primeras etapas se privilegiarán experiencias relacionadas con el juego, la literatura, la exploración del entorno, el movimiento, el arte y la interacción directa. Posteriormente se incorporarán progresivamente herramientas digitales vinculadas con investigación, trabajo colaborativo, pensamiento crítico y producción de contenidos.
La secretaria de Educación explicó que la intención no consiste simplemente en retirar teléfonos de las manos de los estudiantes.
“No se trata únicamente de restringir dispositivos, sino de acompañar a estudiantes, familias y docentes para favorecer la atención, el aprendizaje, las relaciones y el uso responsable de la tecnología”, indicó Rubiano De la Cruz.
¿Cuánto tiempo podrán utilizar pantallas los estudiantes?
Además de regular los celulares personales, la resolución establece parámetros para la exposición pedagógica a dispositivos con pantalla, dependiendo del nivel educativo.
En prejardín, la orientación es no utilizar pantallas. Las instituciones oficiales que ofrecen educación inicial deberán retirar progresivamente estos dispositivos de las aulas de ese nivel.
Para jardín, el máximo será de 10 minutos continuos y 30 minutos acumulados; mientras que en transición podrán utilizarse durante periodos de hasta 15 minutos continuos, sin superar los 30 minutos acumulados.
En básica primaria, el límite será de una hora acumulada, con pausas activas recomendadas.
Los estudiantes de sexto y séptimo podrán alcanzar dos horas acumuladas de exposición pedagógica, también acompañadas de pausas activas.
Para los grados de octavo a undécimo no se establece un límite específico cuando las pantallas sean utilizadas con una finalidad pedagógica acorde con el Proyecto Educativo Institucional (PEI).
Así quedan las disposiciones:
| Nivel educativo | Prioridad pedagógica | Exposición pedagógica a pantallas |
| Ciclo 1 y prejardín | Juego, exploración, movimiento y expresión corporal y artística | Sin pantallas |
| Jardín | Juego, literatura, exploración y arte | 10 minutos continuos y 30 acumulados |
| Transición | Movimiento, autonomía, creatividad y participación | 15 minutos continuos y 30 acumulados |
| Básica primaria | Experiencias de interacción directa | Una hora acumulada |
| Sexto y séptimo | Ciudadanía digital, investigación y trabajo colaborativo | Dos horas acumuladas |
| Octavo a undécimo | Autonomía, pensamiento crítico y producción | Sin límite específico para uso pedagógico |
¿Qué ocurrirá si un estudiante necesita el celular por razones de salud?
La resolución establece excepciones para evitar que las restricciones afecten derechos o necesidades particulares de los estudiantes.
Por esa razón, podrán contemplarse usos relacionados con condiciones de salud, discapacidad, accesibilidad, educación inclusiva y ajustes razonables, además de situaciones de emergencia.
También se permitirá la utilización pedagógica cuando corresponda y se establecen disposiciones relacionadas con intimidad, derecho a la imagen, protección de datos personales y seguridad digital.
Esto significa que la regulación no plantea una prohibición absoluta del teléfono ni desconoce los casos en los que un dispositivo puede cumplir una función necesaria para determinado estudiante.
Cada colegio tendrá seis meses para definir cómo aplicará las reglas
La expedición de la resolución abre ahora una segunda etapa dentro de las instituciones.
Los colegios públicos y privados dispondrán de seis meses para incorporar las nuevas reglas en sus manuales de convivencia o pactos de corresponsabilidad.
El proceso deberá realizarse de manera participativa y tendrá que establecer cómo se desarrollará el desuso gradual de los dispositivos y cuáles serán los procedimientos pedagógicos y restaurativos frente al incumplimiento.
De esta manera, las instituciones tendrán que trasladar una regulación general a situaciones concretas: qué ocurre cuando un estudiante utiliza el celular sin autorización, cómo se actúa frente a reincidencias, cuáles son las excepciones y de qué manera se involucra a las familias.
Estudiantes creen usar seis horas el celular, pero los registros indican nueve
La regulación está respaldada por un proceso de consulta adelantado entre 2025 y 2026 por la Secretaría de Educación de Bogotá, con participación de más de 98.000 personas de la comunidad educativa.
Uno de los datos obtenidos muestra una diferencia de tres horas entre la percepción de los estudiantes y el tiempo registrado en sus propios dispositivos.
Los estudiantes estimaron utilizar el celular durante aproximadamente seis horas diarias; al revisar los registros de los teléfonos, el promedio llegó a nueve horas, según la información divulgada por el Distrito.
La consulta también encontró que el 87 % de los estudiantes tiene teléfono celular propio desde los 10 años.
La presencia del dispositivo se extiende hasta las aulas. El 82 % de los docentes consultados manifestó observar que los estudiantes utilizan celulares durante las clases para jugar o realizar actividades diferentes a las académicas.
Los descansos tampoco escapan a esta dinámica: el 83 % de los estudiantes reconoció utilizar el teléfono durante los recreos y momentos destinados a la alimentación.
Son precisamente estos últimos espacios los que la nueva regulación pretende recuperar para actividades diferentes a permanecer frente a una pantalla.
Atención y concentración preocupan a la comunidad educativa
La Secretaría de Educación también llevó la discusión a 397 foros educativos institucionales, 327 realizados en establecimientos oficiales y 70 en privados, que reunieron a 83.915 participantes.
Los resultados mostraron que el 62,3 % de los aportes relacionó el uso del celular con dificultades de atención y concentración.
Otro 45,3 % señaló afectaciones relacionadas con el bienestar socioemocional de niñas, niños y jóvenes, mientras que el 73,6 % respaldó la creación de acuerdos, regulaciones y lineamientos de uso dentro de los manuales de convivencia.
Las cifras ayudan a explicar por qué la regulación no se limita al salón de clases. La intención también alcanza aquellos momentos en los que los estudiantes pueden conversar, jugar, compartir alimentos o relacionarse presencialmente con sus compañeros.
Tecnología sí, pero con reglas dentro del colegio
La decisión adoptada en Bogotá plantea una distinción que será determinante para su aplicación: una cosa es el uso personal y permanente del teléfono y otra su utilización como herramienta educativa.
Por ello, la tecnología seguirá teniendo espacio dentro de los procesos académicos, especialmente en los grados superiores, donde investigación, ciudadanía digital, pensamiento crítico y producción de contenidos forman parte de las competencias que deben desarrollar los estudiantes.
Lo que cambia es la disponibilidad permanente del celular.
Durante los próximos seis meses, colegios, docentes, estudiantes y familias tendrán que convertir las disposiciones generales de la resolución en acuerdos concretos para cada comunidad educativa.
Una vez incorporadas a los manuales de convivencia, las nuevas reglas modificarán escenas habituales en los colegios de Bogotá: el celular dejará de acompañar automáticamente cada clase, cada descanso y cada momento de alimentación para quedar reservado a las situaciones y actividades en las que su utilización esté permitida o resulte necesaria.

El 87 % de los estudiantes consultados tiene celular propio desde los 10 años, según la información presentada por el Distrito.













