Durante más de 12 años, un perro criollo se convirtió en presencia habitual en los juzgados del sector de Algarra III, en Zipaquirá. Entre audiencias, filas y jornadas extensas, “Penalito” (como lo bautizaron por su cercanía con el área penal) acompañó silenciosamente la rutina de funcionarios, abogados y usuarios del sistema judicial.
Con la entrada en funcionamiento del nuevo Palacio de Justicia ‘Ricardo Hinestrosa Daza’, ese circuito se trasladó a una infraestructura de 6.060 metros cuadrados en el sector de La Fragüita. Y con el cambio institucional, también se movió una de sus figuras más reconocidas: el perro que, sin expediente ni despacho, terminó siendo parte del lugar.
¿Por qué Penalito desapareció de Algarra III?
La ausencia del animal en el barrio no obedecía a abandono ni extravío. Su traslado respondió al mismo proceso que reorganizó la operación judicial en el municipio.
Penalito fue llevado a la nueva sede junto con el personal que solía acompañarlo, lo que explica su desaparición repentina de un entorno donde ya era familiar para residentes y trabajadores informales del sector.
¿Dónde está ahora y quién cuida de Penalito?
Actualmente, el perro permanece en el nuevo Palacio de Justicia, donde recibe atención constante. Personas vinculadas al entorno judicial se encargan de su cuidado diario, asegurando que cuente con condiciones adecuadas dentro de las instalaciones.
Además, en momentos de alta actividad o eventos, Penalito es trasladado a una guardería, como medida preventiva para su bienestar. Finalizadas estas jornadas, regresa al espacio donde permanece habitualmente.
¿Qué cambios ha tenido en su rutina?
Uno de los ajustes más relevantes ha sido su alimentación. De acuerdo con quienes lo cuidan, el perro solía recibir comida de múltiples personas, lo que generó la necesidad de establecer controles.
Por recomendación veterinaria, su dieta ahora es supervisada, con el fin de evitar problemas de salud asociados a la sobrealimentación. Este manejo busca mantener su condición física en equilibrio, en un entorno donde continúa siendo cercano a quienes frecuentan el lugar.
¿Qué representa Penalito para el entorno judicial?
Más allá de su presencia cotidiana, Penalito se convirtió en un elemento reconocible dentro del antiguo complejo de juzgados. Su permanencia durante más de una década lo posicionó como testigo de la dinámica diaria de audiencias, trámites y largas jornadas.
Con el traslado al nuevo Palacio de Justicia (que alberga 24 juzgados y un Centro de Servicios) su historia se mantiene, ahora en un espacio diseñado para centralizar la atención judicial y mejorar los tiempos de respuesta en el municipio y la provincia de Sabana Centro.

Y con el cambio institucional, también se movió una de sus figuras más reconocidas: el perro que, sin expediente ni despacho, terminó siendo parte del lugar.












