“El ánima de Santa Helena”: la leyenda llanera que resurge cada 16 de enero

El relato que inspiró uno de los poemas más influyentes del folclor llanero regresa cada inicio de año con nuevas búsquedas, relecturas y reproducciones en radio y plataformas digitales.

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Equipo de redacción de Extrategia Medios
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Cada vez que amanece un 16 de enero, en los Llanos Orientales se activa una memoria que no pertenece solo a la tradición oral, sino al corazón emocional de toda una región. No se trata de una efeméride ni de un simple recuerdo: es la fecha en que revive la tragedia que dio origen a “El ánima de Santa Helena”, una de las obras más intensas del folclor llanero y una de las interpretaciones más recordadas e impecables del periodista y locutor Juan Harvey Caicedo.

Lo que comenzó como un poema terminó convertido en una historia que se repite, se canta y se cuenta como si el tiempo no quisiera dejarla ir.

Una fiesta que terminó marcada para siempre

La leyenda sitúa al lector y/o al oyente en un hato de la sabana profunda, en la celebración de los 15 años de una joven catira de mirada clara, hija de la familia Herrera. Allí, donde el arpa y el cuatro ordenan la noche, el joropo se confunde con el ruido de los caballos y el guarapo circula sin descanso, un par de jinetes desconocidos irrumpe en el festejo vestidos de negro y armados.

Lo que empieza como un duelo de coplas, exaltado por el ambiente festivo, se transforma en confrontación. La tensión crece, los versos se vuelven ofensas, y en cuestión de segundos la fiesta se convierte en escenario de disparos. Uno de los hombres cae muerto, y una bala perdida alcanza a la quinceañera, dejando su vida suspendida en el umbral entre la celebración y la tragedia.

Los campesinos aún afirman que su espíritu quedó anclado a Santa Helena, especialmente en las noches claras y, según la tradición, con más fuerza cada 16 de enero, cuando el Llano parece guardar un silencio especial.

Una frontera entre dos mundos

Algunas versiones sitúan esta leyenda cerca del río Cinaruco, un territorio donde la vegetación se mezcla con los límites difusos entre Colombia y Venezuela. Ese espacio fronterizo alimentó el mito: un alma que cruza de un país a otro, de la vida a la muerte, del canto al lamento.

En los relatos campesinos, la joven aparece para proteger al hato de visitantes peligrosos, para advertir a los que llegan sin pedir permiso y para recordar que, detrás de la música, el Llano también lleva cicatrices.

“Era un 16 de enero…”: el verso que congeló una fecha

El poema que inmortalizó esta historia comienza con esa frase. No es solo un detalle literario, sino el motivo por el que esa fecha quedó estampada en la memoria colectiva. Cada año, cuando esa línea vuelve a escucharse en una emisora, en una tertulia o en una playlist digital, la escena renace.

Ciertos cronistas del Meta aseguran que “más de medio siglo después, cada 16 de enero en la sabana se recuerda el episodio como si acabara de ocurrir”. Para muchos llaneros, la historia dejó de ser ficción y pasó a formar parte del calendario emocional de la región.

La pluma maestra detrás del mito

El artífice de este relato es Héctor Paúl Vanegas, nacido en Tame (Arauca) en 1939, músico, poeta y uno de los grandes guardianes del folclor llanero. Cuatrista, arpista, compositor y maestro, llevó el joropo a escenarios de Suramérica, Europa y Rusia, y formó generaciones de músicos.

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Vanegas trabajó esta obra a finales de los años 70 y durante las décadas siguientes, dándole forma hasta convertirla en uno de los poemas recios más influyentes del género. Su interpretación fue asumida por grandes voces, entre ellas la del cantante Rafael Martínez, quien grabó en 1978 una de las versiones que más circularon en el Llano.

Con los años, “El ánima de Santa Helena” pasó a ser una pieza obligatoria, no solo por su estructura poética, sino por la fuerza simbólica con la que narra la pérdida, el amor y la frontera entre lo terrenal y lo espiritual.

La voz que llevó el poema a todo el país

La obra alcanzó proyección nacional gracias a Juan Harvey Caicedo, periodista, actor y locutor caucano nacido en 1937, cuyo estilo profundo hizo que miles de oyentes sintieran la intensidad del relato sin necesidad de ver la sabana. Su interpretación en producciones como “Con el llano en la sangre” permitió que públicos urbanos imaginaran el hato, los caballos, el contrapunteo y el silencio final después de los disparos.

En plataformas digitales, su versión sigue siendo una de las más buscadas cada inicio de año. Para muchos, Caicedo fue el puente que unió la tradición recia con los medios modernos.

Cuando un poema se convierte en destino turístico

La leyenda ya no pertenece solo a la música. En Villavicencio, la imagen de la quinceañera forma parte del sendero de Mitos y Leyendas del parque Las Malocas, donde se recrean personajes emblemáticos del imaginario llanero. Niños, turistas y curiosos conocen allí la historia de la fiesta que nunca terminó.

Especialmente en emisoras comunitarias, festivales de música criolla y escuelas rurales, el relato se repite con la misma intensidad. Santa Helena se consolidó como una referencia narrativa que dialoga con otras leyendas de la región, como el Silbón, la Patasola o la Sayona.

Lo que la leyenda revela del espíritu llanero

“El ánima de Santa Helena” no solo cuenta un episodio trágico: expone códigos profundos de la cultura del Llano. Entre ellos:

En su trasfondo, el poema advierte sobre los excesos: el licor desmedido, la violencia armada y la incapacidad de detenerse antes del descontrol. Es un recordatorio de que el Llano, así como es música y fiesta, también es memoria, duelo y aprendizaje.

Cada 16 de enero, la sabana revive la misma pregunta

¿Por qué esta historia sigue tan viva? Tal vez porque toca emociones universales: la pérdida inesperada, la juventud interrumpida, el amor frustrado, la culpa, la frontera entre lo visible y lo invisible. Tal vez porque, en los Llanos, las leyendas no envejecen: se escuchan al amanecer, viajan con los vaqueros y se repiten mientras el fuego del fogón calienta la madrugada.

Y así, cada 16 de enero, cuando alguien reproduce la canción o declama el poema, Santa Helena vuelve a respirar en el imaginario colectivo. Allí, donde la sabana se abre infinita, la leyenda recuerda que las fiestas también pueden transformarse en advertencias que atraviesan generaciones.

“Dicen que por cada año marcando la misma fecha
Se ve una blanca figura de inigualable belleza
Alejar los forasteros del hato de Santa Helena”.

La versión oral de Juan Harvey Caicedo sigue posicionándose entre las más escuchadas en el Llano.

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