La muerte de Piero De Benedictis, ocurrida este miércoles 7 de octubre de 2026 en Buenos Aires (Argentina), trae de regreso a la memoria de Zipaquirá una jornada que, siete años después, adquiere un significado distinto. El cantautor que hizo de la música una forma de hablar sobre los padres, los niños, el amor, la vida cotidiana y las inquietudes sociales estuvo alguna vez en esta ciudad, caminó por sus calles, descendió a su montaña de sal y recorrió, con particular emoción, los espacios donde décadas atrás había estudiado Gabriel García Márquez.
Fue el 30 de agosto de 2019, en el marco del Festival Salinero. Aquel día, Zipaquirá recibió a una de las voces más entrañables de la música latinoamericana: Piero, cantautor ítalo-argentino-colombiano cuya obra atravesó generaciones con canciones sociales, románticas, infantiles y de profunda sensibilidad humana.

Su paso por la ciudad fue mucho más que una visita protocolaria. Durante aquella jornada, el artista recorrió algunos de los lugares que condensan buena parte de la identidad cultural y patrimonial de Zipaquirá. Conoció la Catedral de Sal, caminó por el Centro Histórico y llegó finalmente a un lugar especialmente ligado a la literatura colombiana: El Colegio de Gabo.
Allí fue recibido por el entonces alcalde de Zipaquirá, Luis Alfonso Rodríguez Valbuena, y su esposa, Yazmín Castro Torres; el gerente de la S.E.M., Raúl Galeano Martínez; el subgerente de Cultura, Leonardo Chiriví Guzmán; el jefe de prensa del municipio, Joaquín Guzmán; el gestor cultural Luis Alberto Hernández, representantes del sector cultural y otros invitados.
Tras las huellas de Gabriel García Márquez
Piero quedó especialmente cautivado por El Colegio de Gabo. Quiso conocerlo sin prisa, recorriendo sus salones, patios, biblioteca, comedor y otros espacios que conservan la memoria de los años en que Gabriel García Márquez estudió en Zipaquirá.
Cada rincón parecía despertar una conversación distinta. Durante el recorrido habló de literatura y música, pero también se interesó por la historia, la arquitectura de Zipaquirá y la Catedral de Sal.

Para el cantautor, encontrarse en aquel lugar tenía un significado particular. Veía en sus corredores y salones un escenario impregnado de palabras, novelas, poemas e inspiración; un espacio desde el cual era inevitable imaginar al joven García Márquez mucho antes de convertirse en uno de los grandes nombres de la literatura universal.
La visita tuvo, además, un momento cargado de simbolismo. En el lugar donde Gabo almorzaba durante sus años como estudiante del entonces Liceo Nacional de Varones, Piero compartió con sus anfitriones un almuerzo típico de la región. La gastronomía se sumó así a ese encuentro entre música, literatura, memoria y territorio que marcó la jornada.
Un reconocimiento de Zipaquirá a Piero
Posteriormente, en uno de los salones del colegio, se realizó un acto protocolario en reconocimiento a la extensa trayectoria artística de Piero y a su aporte a la canción latinoamericana, especialmente desde la música social, de protesta, romántica e infantil.

El entonces alcalde Luis Alfonso Rodríguez Valbuena le entregó un pergamino y una nota de estilo. Mediante el Decreto Protocolario No. 159 del 30 de agosto de 2019, Piero fue nombrado miembro de la Junta de Notables del Museo El Colegio de Gabo de la ciudad de Zipaquirá.
El artista recibió la distinción con sencillez y cariño, agradeciendo el gesto de la ciudad y de quienes lo acompañaron durante aquella visita.

Pero el protocolo pronto cedió espacio a la música.
Rodeado por las miradas y el afecto de los asistentes, Piero comenzó a compartir anécdotas de su vida y de su extensa carrera artística. Después hizo aquello que durante décadas había sido su manera de conversar con el mundo: cantó.
Interpretó algunas de las canciones que habían acompañado a varias generaciones y, por unos instantes, uno de los salones vinculados a la juventud de Gabriel García Márquez se convirtió en escenario para otra figura fundamental de la cultura latinoamericana.
Fue un encuentro muy especial: la memoria de Gabo y las canciones de Piero reunidas bajo un mismo techo en Zipaquirá.
Al terminar la jornada, entre aplausos, abrazos y numerosas muestras de cariño, Piero se despidió de la ciudad. Lo hizo reiterando la admiración que le había producido Zipaquirá y manifestando su intención de convertirse, de manera afectuosa, en un embajador de este territorio durante los viajes y presentaciones que todavía tenía por delante.
Hoy, tras conocerse su muerte, aquella despedida adquiere otra dimensión.
Piero ya no volverá a caminar por esos corredores ni a detenerse frente a los lugares que tanto llamaron su atención aquella tarde. Pero permanece la imagen del artista recorriendo lentamente El Colegio de Gabo, preguntando, conversando, evocando la literatura y, finalmente, cantando allí donde alguna vez un joven, García Márquez, también comenzó a mirar el mundo con otros ojos.
Zipaquirá fue una pequeña estación dentro de la inmensa vida artística de Piero; pero aquel 30 de agosto de 2019, Piero también dejó una pequeña parte de su historia en Zipaquirá.
Siete años después, cuando América Latina despide la voz detrás de canciones que acompañaron amores, ausencias, luchas, infancias y recuerdos, la ciudad puede volver sobre aquella jornada y conservarla como lo que ahora es: la memoria de una visita que terminó, sin que nadie pudiera saberlo entonces, convirtiéndose también en una despedida.

La memoria de Gabo y las canciones de Piero quedaron reunidas, por una tarde, bajo un mismo techo en Zipaquirá.











