Mucho antes de que Cajicá (Cundinamarca) creciera alrededor de su actual parque principal, el territorio relacionado con sus orígenes estaba en otro lugar de la Sabana.
Para encontrarlo hay que mirar hacia Montepincio y Las Manas, aproximadamente a dos kilómetros del actual núcleo urbano. Allí, las fuentes sitúan a Busongote o Sumongotá, un asentamiento muisca ubicado estratégicamente sobre antiguos corredores que comunicaban esta parte de la Sabana con Chía, Zipaquirá y Tabio.
Después de la llegada de los españoles, aquel territorio comenzó a transformarse.
Durante las últimas décadas del siglo XVI y las primeras del XVII aparecen la delimitación del resguardo, una iglesia doctrinera, una plaza, disputas por tierras y problemas relacionados con el abastecimiento de agua.
Los documentos permiten seguir parte de ese proceso hasta la consolidación de un nuevo núcleo poblacional que terminaría dando forma al Cajicá actual.
Pero la investigación también conduce nuevamente al lugar de origen.
En Montepincio todavía permanecen muros de piedra y adobe relacionados durante generaciones con la denominada “Fortaleza de Piedra”. Su verdadera antigüedad, sin embargo, plantea una pregunta que aún no está resuelta: ¿son vestigios de la antigua fortificación indígena o corresponden a una construcción posterior relacionada con la Hacienda Montepincio?
La respuesta obliga a recorrer más de cuatro siglos de transformación territorial.
Busongote: el Cajicá anterior al actual centro urbano
La información recopilada por el Instituto Municipal de Cultura y Turismo de Cajicá ubica el antiguo asentamiento de Busongote o Sumongotá en el espacio comprendido entre el cerro Montepincio —también relacionado con Busongote— y el cerro de Las Manas.

El Censo-Guía de Archivos de España e Iberoamérica también sitúa el poblado muisca sobre el camino de Tabio a Zipaquirá, al pie del cerro Busongote y próximo al actual sector de Las Manas.
Su posición no era menor.
Desde las elevaciones del sector era posible observar buena parte del territorio circundante y controlar corredores de tránsito de esta zona de la Sabana. Investigaciones que han acudido a documentación del Archivo General de la Nación (AGN) también identifican a Busongote o Sumungotá como un centro político y territorial.
Esto permite establecer una primera diferencia fundamental: el asentamiento prehispánico relacionado con los orígenes de Cajicá no ocupaba exactamente el lugar donde posteriormente se consolidó el actual centro urbano.
Una fortificación protegía el antiguo asentamiento
La memoria cajiqueña ha conservado durante generaciones una estrecha relación entre Busongote y la expresión “Fortaleza de Piedra”, denominación que incluso permanece incorporada a los símbolos del municipio.
Sin embargo, la descripción disponible de aquella estructura defensiva es diferente de lo que podría sugerir ese nombre.
La información recopilada por la Alcaldía de Cajicá a partir de lo consignado por el historiador Roberto Velandia en la Enciclopedia Histórica de Cundinamarca describe un recinto protegido por una cerca de cañas entretejidas y gruesos maderos, cuya altura habría alcanzado aproximadamente quince pies.
En su interior habría construcciones y espacios destinados al almacenamiento de alimentos, armas y otros elementos.
La descripción será importante siglos después: la estructura defensiva atribuida al antiguo Busongote no aparece caracterizada como una gran muralla construida exclusivamente en piedra.
1537: el territorio comenzó a cambiar
Las fuentes locales sitúan en 1537 el encuentro entre los habitantes muiscas del territorio y la avanzada española encabezada por Gonzalo Jiménez de Quesada.
Cajicá formaba entonces parte del Zipazgo muisca.
A partir de ese periodo comenzó una transformación que se prolongaría durante décadas. El territorio indígena quedó inmerso en las dinámicas coloniales de encomiendas, evangelización, conformación de resguardos, ocupación y adjudicación de tierras.
También comenzaron los conflictos territoriales que posteriormente quedarían registrados en documentos judiciales y administrativos.
Busongote, entretanto, comenzó a perder su condición como principal núcleo poblacional.
1593 ayuda a entender la reorganización de Cajicá
No existe hasta ahora una fecha documental que permita afirmar que todos los habitantes abandonaron Busongote simultáneamente y se trasladaron al lugar donde actualmente está el centro de Cajicá.
Las fuentes sugieren un proceso mucho más complejo.
Una descripción archivística relacionada con el Instituto Municipal de Cultura y Turismo plantea que el poblado de Busongote pudo haber permanecido allí hasta antes de la visita del oidor Miguel de Ibarra en 1593.
Las reconstrucciones basadas en la obra de Velandia indican que Ibarra llegó procedente de Chía el 28 de octubre de 1593 y realizó una inspección del pueblo.
Posteriormente se adelantó la delimitación de tierras destinadas al resguardo.
La visita adquiere importancia porque ocurrió dentro de un proceso colonial que modificó profundamente la ocupación indígena del territorio.

Los resguardos y pueblos de indios no eran únicamente divisiones sobre un mapa. Su organización estuvo relacionada con la concentración de población alrededor de estructuras administrativas y religiosas establecidas durante la dominación española.
En Cajicá, una de esas estructuras permite seguir la transformación: la iglesia.
Una iglesia contribuyó a consolidar el nuevo poblado
Los registros sobre la construcción de una iglesia en Cajicá son anteriores incluso a la visita de Miguel de Ibarra.
Existen referencias a la adquisición de materiales desde 1580 y a la compra de bueyes en 1582 para transportar piedra destinada a las obras.
Posteriormente, en 1598, se adelantó la construcción de una iglesia para la doctrina de Cajicá, encargada al maestro Juan del Hoyo.
La documentación turística oficial del municipio señala que esta construcción contribuyó a la consolidación del pueblo.
La precisión es importante: esto no significa que Cajicá haya sido formalmente “fundada” en 1598.
Lo que permite establecer es que, hacia finales del siglo XVI, un nuevo núcleo poblacional se estaba organizando alrededor de la actividad religiosa y administrativa colonial.
A comienzos del siglo XVII ya había una plaza
Otro elemento ayuda a seguir la formación de ese nuevo Cajicá.
En 1604, la Compañía de Jesús recibió la doctrina del pueblo. Los religiosos desarrollaron actividades relacionadas con enseñanza, música, lectura y escritura entre la población indígena.
Las referencias municipales señalan que parte de esas actividades se realizaba al aire libre, en la plaza.
La aparición de ese espacio resulta particularmente significativa.
A comienzos del siglo XVII ya es posible encontrar varios componentes propios de la organización del poblado colonial: iglesia, plaza, doctrina religiosa, población indígena y tierras de resguardo.
Estos elementos permiten aproximarse al proceso mediante el cual el centro territorial fue desplazándose desde Busongote hacia el núcleo que posteriormente definiría el crecimiento urbano de Cajicá.
Sin embargo, todavía falta evidencia cartográfica o documental suficiente para asegurar que aquella plaza corresponda exactamente, metro por metro, con el actual parque principal.
El agua dificultó la concentración de la población
El nuevo asentamiento tampoco se consolidó inmediatamente.
Uno de los problemas era elemental: el agua.
Documentación posterior indica que parte de la población indígena continuaba dispersa y no necesariamente permanecía alrededor de la iglesia. Una visita de 1638 todavía registraba dificultades relacionadas con el acceso al recurso hídrico.
Esto ayuda a entender por qué no resulta adecuado describir lo ocurrido como una simple mudanza entre Busongote y el actual centro.

Mientras las autoridades coloniales procuraban organizar a la población alrededor de la doctrina y del nuevo pueblo, las necesidades agrícolas, el acceso al agua y la relación ancestral con las tierras continuaban determinando la ocupación del territorio.
Un expediente de 1603 documentó disputas por las tierras de Cajicá
Mientras el nuevo núcleo tomaba forma, las disputas territoriales quedaron registradas en documentos que hoy permiten reconstruir parte de lo ocurrido.
Uno de ellos permanece en el Archivo General de la Nación.
Corresponde al Fondo Visitas de Cundinamarca y está identificado con la signatura:
VISITAS-C/MARCA.62,8,D.5
El expediente comprende los folios 579 a 750 y corresponde al periodo 1603-1606.
Su descripción archivística registra diligencias adelantadas por el oidor Diego Gómez de Mena durante su visita al pueblo de Cajicá, además de un pleito entre indígenas y Cristóbal Tinoco por tierras del resguardo.
Investigaciones que han estudiado esa documentación permiten relacionar Busongote o Sumongota con espacios disputados por integrantes de las comunidades indígenas.
El antiguo asentamiento, por tanto, no desapareció inmediatamente de la organización territorial cuando comenzó a consolidarse el nuevo pueblo.
Continuó relacionado con tierras, cultivos, autoridades indígenas y conflictos por el resguardo.
En 1606 hubo protección para tierras reclamadas por indígenas
Las investigaciones sobre los pleitos registrados en el resguardo de Cajicá entre finales del siglo XVI y las primeras décadas del XVII aportan más elementos.

En la documentación aparece Sumongota, vinculada con la capitanía de Canchona y con referencias al cercado del cacique.
También son mencionados espacios como el llano y la zanja de Gucasagua o Sucasagua, además de estancias y terrenos relacionados con la comunidad indígena.
En 1606, la Real Audiencia amparó tierras reclamadas por integrantes de la comunidad.
Estos documentos permiten observar simultáneamente dos procesos: mientras un nuevo pueblo se organizaba alrededor de iglesia y plaza, el antiguo territorio indígena continuaba siendo utilizado y defendido por sus habitantes.
Los conflictos territoriales continuaron
Los registros municipales relacionados con las Ruinas de Montepincio señalan que documentos correspondientes al periodo comprendido entre 1603 y 1640 dan cuenta de pleitos entre indígenas y españoles sobre terrenos del espacio posteriormente relacionado con la Hacienda Montepincio.
Existe además un expediente de 1632, identificado como VISITAS-C/MARCA.62,8,D.7, que contiene, entre otros asuntos, referencias a un pleito de Tinoco en Cajicá.
Ese documento no permite concluir por sí solo que la controversia se desarrollara exactamente en Busongote o Montepincio. Establecer esa relación requiere estudiar integralmente los folios y confrontarlos con otros registros.
Su existencia sí muestra la continuidad de las disputas territoriales en Cajicá durante las primeras décadas del siglo XVII.
Del antiguo territorio surgió posteriormente la Hacienda Montepincio
La historia de esta zona continuó transformándose durante los siglos siguientes.
Parte del territorio terminó relacionado con una extensa propiedad conocida como Hacienda Montepincio.
Una investigación presentada en 2025 ante el Consejo Directivo del Instituto Municipal de Cultura y Turismo de Cajicá por el investigador Humberto Tequia reportó la localización de más de 25 documentos coloniales fechados entre 1650 y 1800 relacionados con la propiedad.
El trabajo encontró además referencias según las cuales habría sido denominada anteriormente “Monte Pinchío”, antes de consolidarse la forma Montepincio.
La investigación permite avanzar también hacia el siglo XX.
Para 1943, la propiedad estudiada alcanzaba aproximadamente 384.000 metros cuadrados y comprendía terrenos desde la parte alta del camino a Manas hasta sectores próximos a la actual Avenida Sexta, el corredor ferroviario y áreas que actualmente forman parte de la Universidad Militar Nueva Granada.
La referencia permite dimensionar la extensión territorial alcanzada por la Hacienda Montepincio, considerablemente mayor al espacio que actualmente suele identificarse con ese nombre.
¿Las ruinas actuales pertenecieron a la fortificación muisca?
Aquí aparece una de las preguntas más interesantes de toda la reconstrucción.
Entre Montepincio y Las Manas todavía permanecen restos de una estructura construida con piedra y adobe.
Durante generaciones, estos vestigios han sido relacionados con la antigua fortificación indígena y con la denominación “Fortaleza de Piedra”.
Pero la documentación patrimonial de Cajicá contempla otra posibilidad: que el muro visible actualmente sea posterior al asentamiento muisca y corresponda al periodo colonial, cuando habría servido para delimitar terrenos de la Hacienda Montepincio.
La diferencia entre ambas estructuras es significativa.
La fortificación atribuida al antiguo Busongote es descrita mediante cañas entretejidas y gruesos maderos.
Los vestigios que sobreviven actualmente están construidos con piedra y adobe.
Por esta razón, la información disponible no permite afirmar que los muros actuales sean los restos de la fortificación encontrada por los españoles durante el siglo XVI.
Resolver esa pregunta requeriría estudios arqueológicos especializados capaces de determinar la antigüedad de los materiales, las técnicas constructivas utilizadas y su relación con las distintas ocupaciones del territorio.
Las Ruinas de Montepincio hacen parte del patrimonio identificado por Cajicá
La incertidumbre sobre el origen de los muros no elimina su importancia patrimonial.

Las Ruinas de Montepincio aparecen incorporadas en documentación cultural municipal como parte del Patrimonio Material Inmueble de Cajicá.
En ese mismo espacio confluyen diferentes periodos: el territorio relacionado con Busongote, los conflictos por tierras registrados durante la Colonia, la posterior Hacienda Montepincio y los vestigios que sobreviven en la actualidad.
Esa superposición convierte al sector en una fuente para estudiar la transformación territorial del municipio.
La iglesia que hoy está frente al parque llegó siglos después
Mientras Montepincio conserva vestigios relacionados con el territorio anterior, el actual centro de Cajicá también debe leerse con una precisión.
La iglesia que actualmente se levanta junto al parque principal no es el templo del siglo XVI alrededor del cual comenzó a consolidarse el pueblo colonial.
La actual Iglesia de la Inmaculada Concepción comenzó a construirse en 1925 y fue inaugurada el 8 de diciembre de 1946, después de más de dos décadas de obras.
El edificio es mucho más reciente, pero la función del espacio religioso dentro de la organización urbana de Cajicá tiene antecedentes varios siglos anteriores.
Dos lugares cuentan una misma historia
Los orígenes territoriales de Cajicá pueden leerse hoy desde dos espacios separados por aproximadamente dos kilómetros.
Uno está en Busongote, Montepincio y Las Manas.
Allí se sitúa el asentamiento prehispánico; allí las fuentes ubican una antigua fortificación; allí aparecen posteriormente conflictos por tierras indígenas y, siglos después, la Hacienda Montepincio.
El otro corresponde al espacio donde terminó consolidándose el pueblo colonial alrededor de una iglesia y una plaza, núcleo del cual se desarrollaría posteriormente buena parte del Cajicá urbano.
Entre ambos lugares no existe, hasta ahora, una mudanza única documentada con fecha, orden y recorrido.
Lo que muestran las fuentes es una transformación territorial desarrollada durante décadas, particularmente entre finales del siglo XVI y comienzos del XVII: delimitación del resguardo, concentración progresiva de población, establecimiento de la doctrina, construcción de una iglesia, formación de una plaza y disputas por el control de tierras y agua.
Todavía quedan interrogantes importantes.
No se ha establecido con absoluta precisión cuándo dejó Busongote de funcionar como principal poblado; tampoco se ha demostrado documentalmente que la plaza mencionada a comienzos del siglo XVII coincida exactamente con el actual parque principal.
Y permanece abierta otra pregunta: qué parte física del Cajicá prehispánico sobrevive realmente en Montepincio.
Los más de 25 documentos coloniales localizados en investigaciones recientes, los expedientes del Archivo General de la Nación, antiguos títulos de propiedad, cartografía y futuros estudios arqueológicos podrían aportar nuevas respuestas.
Por ahora, la documentación permite reconstruir una historia más compleja que la de una fundación ocurrida en un solo momento.
Cajicá tuvo un territorio anterior asociado a Busongote. Durante el periodo colonial su centro poblacional fue transformándose hasta consolidarse alrededor de una iglesia y una plaza. Busongote, entretanto, continuó apareciendo en las disputas por las tierras indígenas y posteriormente parte de aquel espacio quedó relacionado con la Hacienda Montepincio.
Hoy, el parque principal y Montepincio parecen contar historias distintas.
En realidad, forman parte de una misma transformación territorial ocurrida a lo largo de siglos.
Y entre ambos permanece una pregunta que la documentación y la arqueología todavía tienen pendiente responder por completo: cuánto del lugar donde comenzó Cajicá permanece bajo el paisaje actual del municipio.

Entre finales del siglo XVI y comienzos del XVII fue tomando forma un nuevo poblado alrededor de una iglesia y una plaza.













