En Sutatenza (Boyacá), un municipio ubicado en el Valle de Tenza, el fútbol dejó de ser solo una disciplina deportiva para transformarse en una manifestación cultural. Allí, hombres y mujeres se reúnen en canchas rodeadas de montañas para jugar al Fútbol Ruana, una experiencia que integra el deporte con los símbolos más representativos de la tradición boyacense: la ruana, el sombrero, las botas y el guarapo.
Impulsado por líderes comunitarios, este evento ha ganado reconocimiento por su capacidad de fomentar la integración y el sentido de pertenencia, sin abandonar el espíritu competitivo y recreativo del deporte.
¿Cómo se juega el Fútbol Ruana y qué lo hace tan especial?
A diferencia de un partido convencional, el Fútbol Ruana tiene un código simbólico que se expresa en cada detalle. Los jugadores, sin importar su género, deben vestir con ruana, sombrero y botas (prendas que evocan la vida campesina), mientras disputan el encuentro en medio de los paisajes verdes de la región. En el Fútbol Ruana, la conformación de los equipos responde a un criterio de inclusión y equidad: cada equipo debe tener en cancha, de forma permanente, tres hombres y una mujer.
El uso del guarapo, una bebida tradicional a base de panela, no solo refresca a los jugadores, sino que también recuerda las raíces festivas de las celebraciones rurales. Para la comunidad, esta fusión entre fútbol y cultura es una herramienta para fortalecer la comunidad, revivir costumbres y conectar generaciones mediante una actividad física que también es patrimonio emocional.

¿Por qué el Fútbol Ruana se ha convertido en un símbolo de Sutatenza?
La respuesta está en su autenticidad. En tiempos donde muchas expresiones culturales tienden a homogeneizarse, el Fútbol Ruana ofrece una forma única de resistir el olvido de las tradiciones rurales. La ruana no es solo un abrigo: es un estandarte.
El sombrero no solo protege del sol: identifica. Las botas no solo permiten correr: simbolizan el arraigo al territorio.
Cada partido es una pequeña fiesta en la que confluyen la alegría, el respeto, la creatividad y el amor por lo propio. En palabras de los organizadores, se trata de «jugar con el alma boyacense puesta en cada pase».
Una experiencia que integra el deporte con los símbolos más representativos de la tradición boyacense:
la ruana, el sombrero, las botas y el guarapo.