Basta caminar un sábado por la plaza de mercado de cualquier municipio de la Sabana para notar el cambio. Junto a la caja de cartón donde la vendedora guarda los billetes de dos mil y cinco mil pesos, ahora hay un código QR pegado con cinta a la balanza. El cliente saca el celular, escanea y el tomate de árbol queda pagado antes de que termine de empacarse.
Ese gesto ya no es raro, y tampoco se limita a la compra de verduras. Los mismos monederos digitales que sirven para pagar el bus, el recibo de la tienda o la cuota del colegio se usan también para otras cosas cotidianas, desde recargar el plan del celular hasta fondear una cuenta en plataformas de entretenimiento en línea como 1win Colombia, donde el usuario ve de entrada qué métodos de pago locales están disponibles. La billetera en el teléfono dejó de ser un experimento y pasó a ser una herramienta de uso diario.
Qué cambió en la caja registradora de los pueblos
Hace unos años, pagar sin efectivo en Cota, Chía o Cajicá significaba ir hasta un datáfono, y solo en los locales grandes. Hoy el panorama es otro. Nequi y Daviplata, las dos aplicaciones más conocidas, permiten abrir una cuenta con la cédula y un número de celular, sin sucursal ni papeleo largo. Para un comerciante pequeño la ventaja es práctica, porque no necesita alquilar un aparato ni pagar una cuota mensual por el datáfono. Le basta con un código QR impreso y la aplicación abierta en su propio teléfono.
Por qué algunos todavía prefieren los billetes
El efectivo conserva fieles por razones concretas, y casi todas tienen que ver con el día a día de quien vende:
- En la vereda la señal de datos falla y una transferencia no se puede confirmar.
- Muchos adultos mayores confían más en lo que pueden contar con las manos.
- Una arepa de mil quinientos pesos se cobra más rápido con una moneda que revisando la notificación.
Dónde se paga con cada medio en la Sabana
Una mirada informal a los lugares más frecuentados de la región deja un patrón bastante claro. La siguiente tabla resume lo que se observa en el día a día, sin pretender ser una estadística oficial.
| Lugar | Medio más usado | Observación |
| Plaza de mercado | Efectivo, con QR en aumento | Los puestos fijos ya muestran el código |
| Tienda de barrio | Ambos | El tendero acepta transferencia a su número |
| Panadería y cafetería | Billetera digital | La fila avanza más rápido con QR |
| Transporte intermunicipal | Efectivo | El conductor rara vez revisa notificaciones |
| Colegios y jardines | Transferencia | Los padres pagan la pensión desde el celular |
Lo llamativo es la mezcla, que cambia incluso de una cuadra a la siguiente según el dueño del local. Casi nadie abandona del todo los billetes, y casi nadie cuenta ya con que solo se pague con ellos.
Cómo se acomoda cada grupo de vecinos
La adopción no fue pareja. Cada grupo encontró sus propias razones para usar una u otra opción, y vale la pena mirarlas por separado.
Jóvenes y trabajadores de Bogotá que viven en la Sabana
Quienes se desplazan cada día hacia la capital llevan la billetera digital como segunda cartera. Pagan el almuerzo, dividen la cuenta con los compañeros de oficina y reciben el sueldo extra de un trabajo independiente en la misma aplicación. Para ellos, quedarse sin efectivo ya no genera angustia. Incluso en la fila del bus intermunicipal, el que no trae billetes suele encontrar a un compañero que le recibe la transferencia y le da el cambio en monedas.
Entre los hábitos que repiten están tres:
- Mantener un saldo bajo en la billetera.
- Recargar según la semana.
- Limitar así el monto que pasaría por un error de digitación.
Comerciantes y adultos mayores
Los dueños de negocios familiares fueron más cautelosos, pero muchos terminaron convencidos al comprobar que el dinero llega de inmediato. Con los adultos mayores el proceso es más lento y casi siempre lo guía un hijo o un nieto, que instala la aplicación y explica el primer pago.
Una señora de Zipaquirá contaba que empezó usando el código solo para pagarle al verdulero de confianza. Meses después ya lo usaba en la droguería. El cambio se dio por costumbre, no por convencimiento. Lo más probable es que la Sabana seguirá en este punto medio por buen tiempo, con el billete en el bolsillo y el celular en la mano, según lo que pida cada compra.














